Y a veces es una pena que no sea gracioso jugar a las escondidas en la calle o vibrar a distinta frecuencia en la interesacción de líneas rectas de dos personas que caminan de frente. Y coleccionar biromes sin tinta como error del desapego y el miedo a la falta, el miedo a la necesidad.
Dos energías en distancia, viviendo una misma ilusión, tan falsa como esos kilómetros que los separan.
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